La Línea Clara

UN BLOG SOBRE TENDENCIAS, MERCADO, CULTURA Y CRÍTICA DE COMIC, ESPECIALMENTE EN SU VARIANTE DE NOVELA GRÁFICA, EUROPEA MAYORMENTE, Y CON ESPECIAL QUERENCIA POR LA LÍNEA CLARA @AlexRuizPosino
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La selección de La Línea Clara: Novedades deNorma @NormaEditorial: ArdalénMiguelanxo Prado

De entre lo más reciente de la producción de Norma, este Ardalén destaca poderosamente. El dibujo de Miguelanxo Prado alcanza unas cotas de lirismo y emoción extraordinarias. En una historia que le va como anillo al dedo, Prado nos va eliminando una a una las capas con que protegemos (en vano, es obvio) nuestra maltrecha sensibilidad y nos plantea, como siempre, algunas cuestiones fundamentales sobre el hecho de ser. No se lo pierdan.

Novedades de Norma Editorial @NormaEditorial: La selección de La Línea Clara: La Doce, de François Schuiten.

Dibujada con la habitual solvencia de uno de los autores fundamentales del cómic europeo y desarrollando una historia muy propia, Schuiten nos propone además un elemento claramente innovador, lo que la prensa ha denominado “realidad aumentada en cómic”, y que consiste en una extensión en 3D animada. No conviene perdérsela, ni en el plano, digamos, convencional, ni en el experimental.

Tras un primer álbum deslumbrante, la duda nos carcomía: ¿mantendrían el tono Blain y  Lanzac en este segundo Quai d‘Orsay? El nuevo álbum, publicado por Norma Editorial (@Normaeditorial), aleja la incertidumbre al respecto y va a dar cumplida satisfacción a todas las expectativas de los lectores. Estamos en presencia de una obra redonda y que va a gustar por igual a los que disfrutaron de la primera entrega como a los que aterrizan directamente en esta segunda parte de la serie.

Pero proporcionemos, de entrada, algo de contexto. Para evitar riesgos de destapar demasiado de la trama, anticipemos únicamente que Quai d’Orsay es la historia de Artur Vlanik, un joven francés (de izquierdas) que se integra en el gabinete de un ministro de asuntos exteriores (de derechas) para escribirle discursos. Pronto las cosas se complican, el joven queda prendado de la dinámica política y de la desbordante personalidad del ministro, entra en el círculo de colaboradores más íntimos y con dicha entrada se precipita en una vorágine que lo transformará profundamente a nivel personal.

La historia funciona excelentemente porque el guión, firmado por el propio Blain y por Lanzac, se adapta perfectamente al talento del mencionado Blain, sin duda uno de los autores fundamentales de la actual historieta europea . Sobre Blain, con decir algo es más que suficiente. Sigue controlando magistralmente todos los resortes de la narración gráfica como pocos. Domina el tempo, explota en cada momento el recurso de la historieta que conviene y aprovecha magistralmente una historia que le va como anillo al dedo, ya que combina dos, íbamos a decir debilidades, mejor las caracterizamos como obsesiones, que encontramos en otras de sus obras (como la fundamental Isaac, El Pirata). La primera, la de plasmar la transformación del protagonista desde la ingenuidad a los recovecos de la madurez (del blanco de la inexperiencia a los grises tirando a negro de la realidad, digamos adulta). La segunda, la pasión por el momentum, por el ritmo trepidante, por el dinamismo, especialmente adaptado para plasmar el hecho de que la vida le pasa por encima al protagonista, tesitura que produce el proceso de maduración que antes aludíamos.

El guión de Lanzak y Blain funciona perfectamente. Lanzak es el pseudónimo de un excolaborador de Dominique de Villepin, el ministro de exteriores de Jacques Chirac , y cuya figura inspira el del imaginario ministro Alexandre Taillard de Vorms. Su visión desde el interior del sistema impregna al relato de un realismo y de una veracidad que solo se pueden obtener de la experiencia personal. El resultado es deslumbrante. Como decía en la crítica del primer Quai d’Orsay , la política queda desmitificada, pero no en el sentido habitual. Frente a las posiciones que a veces hacemos nuestras como ciudadanos de a pie consistentes en ver a los políticos como cínicos que únicamente están en política para medrar por sus propios intereses, el ministro de Lanzak y Blain, especialmente uno de un ego tan gigantesco que trata de dejar su huella en la historia, tiene mucho de títere de un sistema que, muy a su pesar, no controla. En este esfuerzo de trascender de unas circunstancias de hecho muy restrictivas, y fruto de una personalidad apabullante, el ministro arrastra a todo el que orbita a su alrededor, incluyendo, por supuesto, al pobre escritor de discursos Vlanik.

La evolución de Vlanik está narrada con brillantez. Sus momentos epifánicos cuando recibe el elogio escasísimo del ministro (o incluso meramente su atención: brillante es la escena en la que el ministro permite a Vlanik acompañarle a orinar juntos y le transmite una pequeña píldora de sabiduría vital), sus tensiones enormes (que lo corroen) al ser incapaz de controlar a dos “amos” (al susodicho ministro y a su novia, esta sí una víctima total del sistema), su creciente dependencia del hecho de estar (y de mantenerse) en el círculo interior del ministro, etc.

Tanto si usted, estimado lector, ha leído el primero de los álbumes de la serie, como si se trata de su primera incursión en el mundo del Quai d’Orsay, va a disfrutar con esta historia de un dibujante que se mantiene en un punto exquisito de su trayectoria autoral.  Y sin más, pasen y entre, el ministro les espera…

Para saber más:

Recomendación rápida en RTVE http://www.rtve.es/noticias/20121006/grandes-comics-humor-para-fin-semana-goliat-quai-dorsay-lincoln/566466.shtml

Una reseña muy recomendable de Pepo Pérez en Número Cero http://numerocero.es/critica/quai-orsa-cronicas-diplomatica-tomo-2/966

Y como postdata, la noticia que nos trae Entrecomics sobre la futura adaptación cinematográfica de Quai d’Orsay http://www.entrecomics.com/?p=80058

Quai d’Orsay, 2, de Blain y Lanzac, @Normaeditorial: una obra de madurez de Christophe Blain, donde el historietista demuestra su dominio del género (y aprovecha el conocimiento de Lanzac de la política desde dentro). Muy recomendable.

Quai d’Orsay, 2, de Blain y Lanzac, @Normaeditorial: una obra de madurez de Christophe Blain, donde el historietista demuestra su dominio del género (y aprovecha el conocimiento de Lanzac de la política desde dentro). Muy recomendable.

@Normaeditorial

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Como complemento/homenaje al excelente ciclo Comic, arte y arquitectura de la Fundación Mapfre, unas cuantas portadas de las “Ciudades oscuras” de François Schuiten (@Normaeditorial)

Como complemento/homenaje al excelente ciclo Comic, arte y arquitectura de la Fundación Mapfre, unas cuantas portadas de las “Ciudades oscuras” de François Schuiten (@Normaeditorial)

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Finales de agosto solo puede significar una cosa: la rentrée está llegando. Después del parón de julio y agosto, las editoriales nos ofrecen lo mejor de su producción en uno de los momentos álgidos del año y nosotros, como sedientos peregrinos, se lo agradecemos. Empecemos el repaso a lo más granado de nuestras editoriales por Norma. Mi selección personal se decanta claramente por Quay d’Orsay 2, del grandísimo Christophe Blain que desarrolla un guión de Abel Lanzac. Como comenté en su día, estimado lector, al reseñar Quay d’Orsay 1l, el tándem Lanzac (pseudónimo de un asesor del exministro de exteriores galo De Villepin) y Blain, brilla a un nivel extraordinario, ofreciéndonos una visión de la política desde dentro que supera tanto la crítica ramplona como la admiración ciega. Pronto habrá reseña en La Línea Clara. Más allá de esta obra, vale la pena destacar otras dos novedades, la multipremiada Portugal, de Cyril Pedrosa, y la intimista Vientos Dominantes, de Julia Wauters y Glen Chapron. Sin más, ¡al ataque, que la rentrée ya está aquí!

A veces el flujo constante de novedades tiende a distraernos. Lo que en su momento parece destinado a permanecer, acaba durando poco en las mesas de las librerías y en el recuerdo de los lectores. Lo que en su día pasa desapercibido, a veces está destinado a formar parte del canon del futuro. Con esta disyuntiva en la cabeza, solo cabe dejarse llevar por el corazón y el instinto y, si se produce una vibración profunda, seguir la pista.

Este es el caso de una de las novedades de Norma Editorial. Su Más allá de las nubes, de Romain Hugault y Regis Hautière, atrapa por su dibujo extraordinario. Prácticamente cada viñeta, y especialmente las que se sitúan en paisajes extraordinarios, merecerían enmarcarse y colgarse de la pared. Además del trazo, efectivo y clásico, lo que captura es el color. La historia que está pidiendo a gritos este lenguaje gráfico es, necesariamente, alguna del canon de géneros. La de ases de la aviación en la Segunda Guerra Mundial es especialmente adecuada. En fin, estimado lector, sigamos nuestros instintos y apostemos por un álbum que formará parte de nuestro fondo de librería y que revisitaremos con frecuencia en el futuro.

Entre lo más nuevo de Norma Editorial, hoy me permito recomendar este Grandes Soldados de Rivelaygue y Olivier Tallec (http://www.normaeditorial.com/ficha.asp?0/0/012006044/0/grandes_soldados), una historia increíble (pero, como suele suceder, cierta)  bellamente dibujada (¡Qué acierto el color!). Si, como uno mismo, disfrutan de las buenas tramas, con trasfondo histórico y personalísimo grafismo, van a pasar un buen rato con este álbum.

Para los que nos iniciamos en el rito holmesiano de la mano de las beneméritas ediciones de la biblioteca de bolsillo junior de Moby Dick, cualquier aproximación gráfica al genial detective la realizamos con cierta aprensión. Hay que recordar que en dichas ediciones, dirigidas a un público juvenil, uno se encontraba, contra todo pronóstico, con las ilustraciones originales de Sydney Paget que aparecieron en The Strand Magazine durante finales del XIX y primeros años del XX. Estas bellísimas ilustraciones se agermanaron con los textos imperecederos de Arthur Conan Doyle de una forma que hasta el advenimiento masivo de los nuevos medios de impresión de la prensa tardodecimonónica era impensable. Holmes es el que es en nuestro imaginario colectivo en no poca medida porque su personalidad gráfica quedó marcada desde el mismo momento de su nacimiento. Dada esta tradición gráfico-literaria, cualquier nueva incursión en el mito se encuentra delante de dificultades manifiestas. Este Sherlock Holmes y la conspiración de Barcelona de Sergio Colomino y Jordi Palomé, acabado de editar por Norma Editorial (http://www.normaeditorial.com/ficha.asp?0/0/012034400/0/sherlock_holmes_y_la_conspiracion_de_barcelona), las supera holgadamente.

En el aspecto puramente gráfico, el álbum se beneficia del excelente dibujo de Jordi Palomé, acompañado en el color por Mado Peña. Precisamente, uno de los aspectos más acertados es la elección del color. Con unos tonos que se podrían describir como asepiados (probable barbarismo que el lector me perdonará), se consigue que, manteniéndose en el color, el efecto resultante nos recuerde poderosamente a las grises imágenes fotográficas que todos tenemos en la mente al pensar en la Barcelona de finales del XIX.  

El dibujo y el color, además, se ven acompañados de un guión notablemente solvente. Aquí, igual que en el aspecto gráfico, me gustaría destacar un elemento especialmente afortunado. Sin entrar a desprecintar la trama, pecado imperdonable en La Línea Clara, sí avanzo que uno de los protagonistas, el joven Maspoch, acaba proporcionando el punto de vista esencial. Se trata de un acierto que, a un tiempo, respeta la opción narrativa de Doyle y permite que esta sea una aventura de Sherlock Holmes con regusto genuinamente barcelonense. El buen guión, producto de la labor de Sergio Colomino, ve garantizado su respeto a los elementos centrales del canon holmesiano por su pertenencia (uno diría, más bien feligresía) al Círculo Holmes, sociedad sherlockiana de nuestro país. Las esencias, en definitiva, están en buenas manos.

Concluyendo, destacar que los sherlockmaniacos no se van a sentir traicionados, más bien lo contrario. En un momento que el mito se revisita con frecuencia (en pocos meses, nos hemos ventilado, con mayor o menor aprovechamiento, la segunda temporada del Sherlock de la BBC –excepcional-, el segunda de los filmes de Guy Ritchie sobre Sherlock Holmes y la Casa de Seda, de Anthony Horowitz, la primera novela que recibe el aval del Conan Doyle State, los herededos del autor), el Sherlock Holmes de Colomino y Palomé, es una más que recomendable lectura que no desmerece con las anteriores. Y si, usted, estimado lector, no ha mordido todavía la manzana de la perdición holmesiana, quizás este buen álbum, que disfrutará como una trepidante aventura con trasfondo de crítica social (cuántas analogías entre el tardovictorianismo y nuestra época, ¿verdad?) , puede ser la puerta de entrada a una mundo apasionante y del que ya nunca podrá (si es que quisiese) huir. Adelante, Holmes espera y ya saben que su paciencia con lo obvio (y obvio es que van a entrar) nunca ha sido su fuerte.