La Línea Clara

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La Ciudad, de Frans Masereel, Nórdica Libros: una sinfonía urbana hipnótica y conmovedora (sin palabras)

Dado que uno tiene cierta tendencia a la grandilocuencia en el uso de los calificativos en las reseñas de La Línea Clara, fruto del entusiasmo que le producen estas pequeñas y grandes maravillas que nos está deparando el buen momento actual del comic, ante una obra como La Ciudad de Frans Masereel (originariamente publicada en 1925 y ahora afortunadamente recuperada y preciosamente editada por Nórdica Libros, http://www.nordicalibros.com/ficha.php?id=111), lo mejor es dar la palabra a dos voces indiscutibles. La primera, la de un maestro del género como Will Eisner, que reconoce en el prólogo de Contrato con Dios su deuda con Masereel y con otros autores de las llamadas novelas en imágenes como inspiración clave. Pero la importancia de Masereel no se puede reducir al comic y a la novela gráfica. Stefan Zweig, autor clave de la cultura europea de entreguerras, se despachó con este juicio que reproduzco íntegramente: “Si todo desapareciera, todos los libros, las fotografías y los documentos, y sólo nos quedaran los grabados que ha creado Masereel, a través de ellos tan sólo podríamos reconstruir nuestro mundo contemporáneo”. Me parece que queda meridianamente claro que existe coincidencia en que estamos ante un autor, y una obra, fundamental.

¿De dónde deriva esta importancia? En una etapa central de la formación de algunos de los lenguajes claves del siglo XX –el cine, las vanguardias pictóricas, el cómic– Frank Masereel publica lo que se conocieron como novelas en imágenes o libros sin palabras (picture novels o wordless novels, en inglés). Se trata de unos libros que, en el caso de La Ciudad de Masereel, presenta la forma de una ilustración por página en la cual se reproduce un grabado en madera. Este tipo de grabado proporciona una capacidad expresiva notable, y de hecho no se entiende esta opción de Masereel sin recordar que la xilografía y el grabado son recuperados por los expresionistas del primer tercio del XX como técnicas artísticas fundamentales. La fuerza, el poder de evocación, el fuerte lirismo de los grabados de Masereel son tales que es difícil sustraerse a ellos una vez “leídos” (evidentemente, estimado lector, el término no es el correcto pero sí es el adecuado, porque en Masereel, como en todos los maestros del género, lo que acaba cimentando su grandeza es la unión del dibujo con la historia).  

Además, y siguiendo con los aspecto formales, la opción de una ilustración por página agermana a Masereel con el cine mudo de los años ’20. Y más concretamente, con un género que en esa época hace furor, el de las llamadas sinfonías urbanas. Se trata de obras cinematográficas, con cierta apariencia de no ficción, en las cuales la protagonista absoluta es la ciudad. La Ciudad representa excelentemente la versión en papel de dicho género. Es difícil no concebir que la importancia de las sinfonías urbanas, cinematográfica o comiqueras, como la que nos ocupa, se debe a que se desarrollan en un momento histórico de cambio radical en las ciudades europeas y americanas. De hecho, cuando visito las páginas de Masereel, con su densidad, yuxtaposición de edificios, presencia del humo o onmipresentes multitudes, me vienen a la mente las muy contemporáneas imágenes de las inconmesurables ciudades chinas de la actualidad.

La influencia de las obras de Masereel, y especialmente de esta imprescindible La Ciudad, se nos hace extraña dado el actual desconocimiento actual sobre el género. Trasladada la novela en imágenes a Estados Unidos a través de la obra de Lynd Ward (que entra en contacto con los trabajos de Masereel durante sus estudios en Europa), el género vivirá una auténtica eclosión en la década de los ’30, entrando en una fase de rápida obsolescencia en la década de los ’40. Sin ánimo de forzar las explicaciones digamos teóricas, sí que parece lógico vincular el fuerte contenido de crítica social que caracteriza a la novela en imágenes (otra vez, influencia de Masereel, que dota de esta orientación a toda su obra) con un contexto, el de la Gran Depresión, que lo hace especialmente relevante. Cuando llegan los años cincuenta, y se inicia una etapa de prosperidad occidental que se alargará dos décadas, la novela en imágenes desaparece del panorama editorial y queda aletargada hasta su recuperación actual. Una suerte para nosotros, lectores de principios del XXI, que podemos volver a gozar con unas ilustraciones que no nos dejarán indiferentes. 

Para saber más:

La lectura de las páginas de Santiago García sobre la novela en imágenes de su libro La Novela Gráfica aporta mucha información sobre esta poco conocida plasmación del comic. Diversos de los elementos con los que he construido la reseña anterior son tributarios del buen texto de Santiago García. Si todavía no se ha tenido ocasión de leer La Novela Gráfica, esta puede ser una excusa excelente para bucear en la obra de Santiago García, un libro fundamental y que equipara, a mi juicio por primera vez, el ensayo en español sobre el comic con lo mejor de lo que se publica en inglés. http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=lanovelagrafica

Sobre Frans Masereel se puede consultar una referencia muy útil (desafortunadamente para los que no leemos ese idioma, en alemán salvo en algunos apartados, que también están en inglés):

Fundación Frans Masereel: http://www.frans-masereel.de/

Un excelente artículo de Borja Hermoso en El País, pueden servir para completar este recorrido por la obra y el autor: http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/31/actualidad/1333208592_003603.html

Booktrailer: La Ciudad, de Frans Masereel, Nórdica Libros: una sinfonía urbana hipnótica y conmovedora (sin palabras)