La Línea Clara

UN BLOG SOBRE TENDENCIAS, MERCADO, CULTURA Y CRÍTICA DE COMIC, ESPECIALMENTE EN SU VARIANTE DE NOVELA GRÁFICA, EUROPEA MAYORMENTE, Y CON ESPECIAL QUERENCIA POR LA LÍNEA CLARA @AlexRuizPosino
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Una muestra de uno de los trabajos recientes de Jessica Abel

Siguiendo con el repaso de lo que las distintas editoriales nos presentan para el inicio del nuevo curso, de Astiberri me quedaría con dos álbumes muy prometedores. La Perdida de Jessica Abel es una historia de aprendizaje personal y de tránsito hacia la vida madura extraordinariamente sugerente. Siempre solvente en el aspecto gráfico, la autora norteamericana brilla también en el guión. También es del todo sugerente la Autobiografía. Libro Uno de Shigeru Mizuki. La nota de prensa de Astiberri se titula La forja de un humanista, un título del todo acertado para caracterizar al maestro japonés.

Astiberri nos ofrece una novedad de importancia mayúscula. Sólo mencionar el nombre de Alan Moore uno ya sabe que está ante un material de calidad. En esta Serpientes y escaleras, Alan Moore, secundado en el dibujo por Eddie Campbell, nos ofrece una historia de las que le permiten rizar el rizo. Reedición, con nueva traducción y rotulación, de un álbum importante que no nos debemos perder.

Vayan por delante las declaraciones de principios: fanático uno como es de Alfonso Zapico, de los textos biográficos y autobiográficos y de los making off, la Ruta Joyce es terreno abonado para una crítica entusiasta y positiva. Intentaré, al menos, justificar mi posición mediante medio decálogo:

1. Por lo que Dublinés no enseña, pero la Ruta Joyce, sí

Dado que lo que tenemos entre manos es el intento, seguramente imposible, de dar cuenta de lo que sucede tras el impulso (irracional, por supuesto) de escribir un cómic como Dublinés, poco habitual en nuestros lares (¿quién se atreve con un autor literario, relativamente citado, escasamente leído, mediante un género como el cómic?), uno espera que el proceso creativo quede puesto al descubierto. Aunque seguramente la creatividad se nos escapa entre las manos (¿cómo podría ser de otra manera?), lo que sí nos ofrece Alfonso Zapico es una muestra tangible del enorme trabajo previo que el autor encara para hacer la obra, y lo hace con una notable amenidad. Al final a uno de queda claro que algo hay de verdad en aquellos que afirman que si vale la pena hacer un trabajo, vale la pena hacerlo bien.

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2. Por la generosidad

Zapico se nos abre con sinceridad de forma generosa. Se ilustran los falsos caminos en el proceso creativo, las decepciones (magistral cuando descubre, primero él, luego su editor, que en Irlanda no se leen comics), las ocasiones en que no sabe hacia dónde se dirige el proyecto. También generosidad al mostrarse tal y como es en su ámbito más o menos privado. Aunque las reglas del juego de la autobiografía son esas, no siempre se siguen. Y, finalmente, generosidad en regalarnos algunos pequeños descubrimientos como insiders, como la casa de los autores de Angouleme o el impagable Atelier 54 de París.

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3. Por la querencia por las ciudades

A uno, por sus personales debilidades, le quedaron muchas ganas de ver más dibujadas las atractivas ciudades en las que discurre la vida de Joyce y, por tanto, Dublinés. Ahora, realmente, la Ruta Joyce más que compensa. Las ciudades son las autenticas protagonistas y el dibujo, excelente, así lo refleja. Sin la suerte de haber visitado Trieste, uno sí que ha disfrutado enormemente de ver dibujadas tres ciudades maravillosas, París, Dublín y Zurich. Es un privilegio entender (un poco) como se va formando la visión de Zapico, que le preocupa, a que temas es sensible, y, de vez en cuando, algunas píldoras sintéticas, de conclusiones. Son especialmente atractivas las viñetas en las que consigue captar la esencia del lugar, como las tres almas de Trieste, que clava en las páginas 68 y 76.

4. Por la triste (pero bella) historia europea

Desde siempre, lo que uno encuentra en lo que lee es lo que está en su cabeza. Una de las manías personales es la tristeza que le proporciona la ruptura de Europa que se produce con la Primera Guerra Mundial. Este evento, de lejos más definitorio para nuestro presente que la más publicitada Segunda Guerra Mundial, trunca un espacio cosmopolita y abierto que existía hacia el 1900 (ciertamente, con infinitas injusticias).

Además de revivir el suicidio europeo de la Primera Guerra Mundial, se puede revisitar a través de la Ruta Joyce lo efímero de los momentos dorados de las ciudades y lo rápido que se puede transitar hacia la degradación. La comparación del Triestre de 1912 con el de 1919 y el 1939 es definitiva.

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5. Y, sí, por el dibujo también.

Bueno, ¿y el dibujo, qué? Al final, este es el periplo vital de un historietista y es obligado referirse al aspecto estrictamente gráfico de la Ruta Joyce. Pues en este ámbito, la Ruta Joyce no decepciona en absoluto. La actual fase de Zapico es muy buena. Vista el perspectiva, su evolución del dibujo, progresiva pero apreciable, desde su “La guerra del profesor Bertenev” al actual dueto Dublinés/La Ruta Joyce, lo ha situado en un nivel excelente. Solo por citar un ejemplo, en la Ruta Joyce son especialmente atractivas las viñetas a página completa.

Así que, por favor, entren y sigan la Ruta Zapico. Van a disfrutar.

Para saber más:

De entrada, los links editoriales de Astiberri de la Ruta Joyce (http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=larutajoyce) y de Dublinés (http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=dublines).

Después, ¿por qué no seguir con la reseña de esta misma Línea Clara de Dublinés (http://lineaclara.tumblr.com/post/18894570990/dublines-de-alfonso-zapico-astiberri-ediciones) y con el perfil de Alfonso Zapico (http://lineaclara.tumblr.com/post/18894470342/zapico-uno-de-los-mejores-autores-de-novela-grafica)?

También es recomendable la web del propio Zapico, que además parece estar iniciando un proyecto de blog que ya nos hace relamer de gusto: http://www.alfonsozapico.com/ 

Como siempre en estas notas breves de novedades de La Línea Clara (a las reseñas más amplias, estimado lector, dedico otro tipo de post: http://lineaclara.tumblr.com/search/rese%C3%B1a), trato de elegir un par de álbumes nuevos que, a mi juicio personal personalísimo, tiene especial valor. Pues bien, de las últimas novedades que Astiberri nos propone, elegir dos me ha sido totalmente imposible. Demasiado restrictivo. Así, y bendita sea la excepción, vamos por las tres seleccionadas. Empecemos por un apuesta segura, Paco Roca y su El Juego Lúgubre (http://www.astiberri.com/media/contenidos/catalogo/prensa/eljuegolugubre.pdf). Versión definitiva de una obra que vio la luz en 2001, un “Roca” para dibujar de un viaje que aúna realidad y ficción.

imagen de la novedad

Más madera. Éxito para perdedores, de David Cantolla y Juan-Días Faez (http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=exitoparaperdedores). Dada mi especial predilección por el tono autobiográfico, la historia de David Cantolla (ya saben, el padre de Pocoyó, producto internacionalísimo de animación española), una clásica historia de ir fracasando cada vez mejor (hasta llegar al éxito), me parece muy sugestiva. El dibujo Juan-Díaz Faez se muestra excelentemente efectivo para hacernos llegar este recorrido vital.

imagen de la novedad

Y, para el final, algo realmente especial. De nuevo, uno y sus debilidades: si al hambre biográfica se le suma una cierta adicción a los making off, el coctel de Oficio:dibujante, de José Luís Munuera (http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=oficiodibujante), es, sencillamente, irresistible.

imagen de la novedad

La reciente publicación de Mezek (http://www.normaeditorial.com/ficha.asp?0/0/012034394/0/mezek), de Yann y André Juillard, un álbum situado en el Israel del año 1948, me ha recordado otra obra reciente, el Café Budapest (http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=cafebudapest), de Alfonso Zapico (http://lineaclara.tumblr.com/post/18894470342/zapico-uno-de-los-mejores-autores-de-novela-grafica), publicado en 2008. Ambas obras, muy diferentes entre sí, coinciden en desarrollarse en la época del nacimiento del actual Israel. Como las noticias nos recuerdan una vez y otra, se trata de un episodio fundamental en la historia reciente, no sólo para Oriente Medio, sino para el resto del globo. Sin embargo, en el mundo del comic europeo (al menos según mis limitados conocimientos) dicho hito ha sido poco tratado. ¿Por qué coinciden ahora, en un breve lapso de tiempo, dos álbumes de notable factura y cuidada elaboración por parte de sus autores?

Aventuro algunas explicaciones. La primera, seguramente la que tiene visos de ser la auténtica, la casualidad. En un mundo de (prácticamente) infinitos autores buscando historias, estas cosas suceden. Ahora vayamos a una segunda explicación, probablemente falsa, pero indudablemente más sugerente. El Israel de 1948 es un marco excelente para desarrollar historias de las que tienen potencial para quedar marcadas en nuestro recuerdo. ¿Que qué características tienen estas historias? Sin ambición para hacer grandes teorías, sí que me parece obvio que si son capaces de decirnos algo de nuestro presente y ofrecernos alguna de las grandes disyuntivas humanas que parecen subyacer en todas las narraciones que nos mueven y nos conmueven, entonces estamos ante una historia que puede llegar a ser grande. El Israel de 1948 proporciona, de antemano, un contexto excelente en ambas dimensiones.

Tanto en Mezek como en Café Budapest nos resuenan ecos que nos son próximos, aquellos propios de los momentos en que todo cambia, nada se puede dar por descontado y el futuro es, como poco, incierto. ¿Les suena? Afortunadamente sin el elemento de la violencia extrema ni el dramatismo (confío), nuestra actual crisis europea nos hace especialmente sensibles, y quizás proclives, a revisitar otras crisis. En este contexto, tan extremo (repito, especialmente el Israel de 1948; menos, espero, el nuestro), las fortalezas y fragilidades humanas, sus disyuntivas, se tornan mucho más agudas y apreciables. El vecino que pasa a ser enemigo, el atractivo del oportunismo, el pasado que lastra el futuro, el amor sin esperanza, la victoria inesperada,… y mucho más se encuentran en las páginas, tan diferentes entre sí, de Mazek y de Café Budapest. Si, de forma harto improbable, nos encontramos ante el inicio de un género en sí mismo o, de forma mucho más verosímil, ante una feliz coincidencia, el tiempo lo dirá. Por el momento, disfruten de dos grandes historias.

PS: El Israel contemporáneo también está dando mucho juego comiquero. Sólo hay que leer las excelentes y recientes Crónicas de Jerusalén de Guy Delisle (Astiberri, http://www.astiberri.com/ficha_prod.php?cod=cronicasdejerusalen) y Una judía americana perdida en Israel de Sarah Glidden (Norma Editorial, http://www.normaeditorial.com/ficha.asp?0/0/012006039/0/una_judia_americana_perdida_en_israel).

Para saber más:

Entrecomics, como siempre, nos ofrece información más que útil:

http://www.entrecomics.com/?p=18733 (sobre Café Budapest)

Trazos en el blog, otra referencia inexcusable, también nos interesa:

http://trazosenelbloc.blogspot.com.es/2012/02/mezek-de-yann-andre-juillard.html

Para los zapicoadictos (presente!), un paseo por http://alfonsozapico.com/ es muy recomendable

Zapico, uno de los dibujantes españoles más dotados de su generación (y seguramente de muchas anteriores), se despacha con una gran obra grande, Dublinés, la biografía de James Joyce. Se trata de una novela gráfica ambiciosa, bien dibujada y llevada firmemente de la mano de un guión sólido. No se la pierdan.

Con Alfonso Zapico no ve voy a andar con medias tintas: soy un fan suyo y cualquier intento de objetividad está destinado al fracaso. Se trata de un autor que apunta directamente a distintas de mis debilidades personales. La primera, su querencia por la historia. Sus tres álbumes publicados hasta la fecha están enmarcados en épocas de marcada trascendencia. En particular, Dublinés circula por las dos últimas décadas del XIX y algo menos que la primera mitad del XX, época que se puede considerar como clave para entender lo que el siglo XX será. Es un periodo apasionante, triste, emocionante, rupturista, revolucionario. En este sentido, el experimentalismo de la obra de Joyce es un excelente reflejo de la época (y en lo literario algo más, seguramente un destello seminal de lo que vendrá).

Una segunda de mis debilidades, a veces expresada en este blog, son las ciudades. Lo urbano me interesa, me apasiona, me interroga. Lógicamente, un comic book que discurre por Dublín, Trieste, Roma, Zurich y París, fundamentalmente, realizado con el dibujo preciso y expresivo a un tiempo de Zapico es un regalo para los sentidos.

Tercera obsesión, las biografías. Pocas cosas me han deparado mayores alegrías que el despertar del género biográfico en el mundo del comic. Lector contumaz de biografías convencionales (ya que estoy limitado a vivir una sola vida, la mía propia, al menos me doy la satisfacción que picotear en las de muchos otros), estoy disfrutando enormemente con obras como esta enorme biografía de James Joyce. Me congratulo de ver que nuestros autores nacionales se sitúan en la estela (o quizás en la proa, más bien) de obras como la también reciente de Bertrand Russell (el impresionante Logicomix del equipo Doxiadis, Papadimitrou, Papadatos y Di Donna al que volveremos pronto).

Cuarta debilidad, la sensibilidad. ¡Cuidado, que entramos en terreno pantanoso! De entrada vale la pena mencionar que no tengo el gusto de conocer a Alfonso Zapico más que por sus obras. Por ello, lo que ahora sigue es una inferencia absolutamente personal que seguramente está errada a todos los niveles. Vaya por delante mis disculpas a Zapico y a los lectores. Pues bien, hecho este disclaimer, cuando leo las novelas gráficas de Alfonso Zapico siento que late, y no en la profundidad sino en la epidermis, una profunda empatía por lo humano. Esta sensibilidad me parece claramente presente en el trato que el dibujante otorga a James Joyce.

Difícil no enternecerse ante un genio que lucha contra prácticamente todo y todos, incluyendo a sí mismo y sus debilidades en primer lugar, para emerger dificultosamente. Una vida trágica y apasionante, que cumple sobradamente con el precio de amargura y resquemor que la genialidad comporta. Rilke, en Cartas a Un Joven Poeta, ante la pregunta sobre si un potencial autor debe escribir, responde: “excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser un signo y un testimonio de ese impulso”. Yo, desde luego, estoy falto de la elocuencia y la profundidad para mejorar esta descripción del impulso primero y último que alimento la vida de Joyce. Zapico es capaz de captar este aliento y, repito, con una mirada humana y sensible, nos lo traslada. Difícil no sentirse próximo a Joyce y sonreír ante sus excentricidades, entristecerse ante los reveses, compadecerse de su mujer e hijos, alegrase de su éxito en vida.

No me alargo más. Si no lo ha hecho ya, mejor busque un rato, visite a su librero comiquero favorito y entre de la mano extraordinario de Alfonso Zapico en esta mágica Europa del 1900 que está a punto de romper y romperse en mil pedazos. Le espera una gran obra grande.

Enlaces editoriales:

http://astiberri.com/ficha_prod.php?cod=dublines

Si todavía no está en su radar, sitúen a Alfonso Zapico como un autor a seguir. Sin duda, se trata de uno de los mejores de su generación. Como seguidamente se defenderá, caracterizan a este autor su capacidad de concebir grandes historias cargadas de humanismo y empatía, el uso de la historia como trasfondo e inspiración y un muy buen dibujo.

De Alfonso Zapico (1981) se podrían destacar muchas cosas. De entrada, y en el espíritu bastante personal de este blog, voy a decir que de él me conmueve su mirada, claramente personal, emotiva y profundamente empática. Cuando trata de recuperar el espíritu de “jugar a los soldaditos”, que muchos tuvimos de jóvenes, acaba produciendo un alegato antibelicista como La guerra del profesor Bertenev (2009), personificado en el protagonista que da nombre a su obra. Cuando presenta en Dublinés (2011) a James Joyce, un genio que es un crápula, un crápula que es un genio, es difícil evitar sentir que el escritor irlandés acaba ganándoselo a uno, al tiempo que nos entristecemos ante las duras pruebas que la vida le inflige (y las que él inflige a sus amigos, familiares y saludados, que no son pocas). Cuando uno aborda con dudas un conflicto inabarcable con racionalismos varios, como el de Oriente Medio, se encuentra el humanismo de todos los personajes del imprescindible Café Budapest (2008), la única vía de hacer nuestra una historia que nos supera.

Siendo esta visión humana y sensible, que no sensiblera, un punto clave en la obra de Zapico, no hay que reducir al autor asturiano a esta última dimensión. Zapico elabora unas tramas de ritmo perfectamente adecuado a las historias y de ambientación perfecta. Sus obras editadas hasta la fecha presentan todas ellas un trasfondo histórico muy dominante, hasta el punto que dicho elemento histórico acaba actuando como un personaje más. Zapico elige, además, de forma primorosa las épocas y contextos de sus historias. En La guerra del profesor Bertenev, una guerra relativamente poco conocida le sirve para introducir una época finisecular, la que hace presagiar el hundimiento del zarismo, y de hecho el de toda la Europa imperial que ya tiene pies de barro a finales del siglo XIX. El grueso de la vida de Joyce circula por las décadas decisivas de nuestra querida Europa, aproximadamente el primer tercio del XX. Café Budapest aborda una época que, a pesar de su importancia para entender el permanente conflicto en Oriente Medio, apenas se ha tratado en la ficción en español. Este contexto histórico le permite a Zapico disponer de un marco excelente en el cual desarrolla grandes historias (fundamentalmente en el sentido humano, como ya he comentado) que da forma con un dibujo personal y efectivo.

Que esta obra, todavía en crecimiento, no se elabora con prisas y atajos se intuye por parte del lector desde sus primeras páginas. No obstante, su reciente La Ruta Joyce (2011), excepcional “making of” de Dublinés, nos confirma la intuición y nos permite el privilegio de ver a Zapico germinando su proyecto sobre Joyce. En fin, lo dicho, si no lo conocen, no pierdan el tiempo y acudan raudos a su comicoteca favorita. Y si está bajo su atenta mirada, no lo dejen escapar. Seguro que lo mejor está por llegar.

Para saber más:

Unos cuantos datos sobre Zapico se pueden encontrar en su página de autor de Astiberri Ediciones (http://www.astiberri.com/ficha_aut.php?cod=ALFONSO_ZAPICO), siendo especialmente interesante la entrevista que allí se puede leer (http://www.astiberri.com/entrevistas.php?ident=4).

Además de la crítica que en este mismo blog La Línea Clara podéis consultar sobre Dublinés (….), se pueden recomendar otras como http://www.guiadelcomic.es/alfonso-zapico/la-guerra-del-profesor-bertenev.htm o http://www.tebeosfera.com/documentos/documentos/la_guerra_del_profesor_bertenev.html (La guerra del profesor Bertenev),  http://www.entrecomics.com/?p=18733

o http://trazosenelbloc.blogspot.com/2008/06/caf-budapest-de-alfonso-zapico.html (Café Budapest), http://cultura.elpais.com/cultura/2011/03/25/actualidad/1301007611_850215.html o

 http://www.guiadelcomic.es/alfonso-zapico/dublines.htm (Dublinés) y  http://www.kulturklik.euskadi.net/lang/es/la-ruta-joyce-zapico-alfonso/ o http://247comics.blogspot.com/2012/02/la-ruta-joyce.html (la Ruta Joyce)

POSICIÓN 2

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